El texto que sigue abre el fanzine realizado como producto del Laboratorio de Escritura Experimental a cargo de Camilo De Fex (Medellín-Colombia). Este trabajo fue posible gracias a los fondos de circulación del Municipio de Medellín en coordinación con el Proyecto mARTadero.

Es común escuchar en conversaciones de círculos literarios herméticos y esnobistas, que hoy día mucha gente quiere ser o creerse escritor. Según lo que entiendo de sus argumentos, lo deleznable de esta facilidad para que cualquiera se pueda auto-publicar es que salen a la luz cada vez más y más productos literarios que no valen la pena, que, según sus estándares, no son literatura siquiera. Este tipo de reacciones son bastante comunes dentro de la anquilosada estructura hegemónica de esa Literatura que se escribe con mayúscula y cuyo mayor adalid mercantil es la figura del Autor, con mayúscula también. Este miedo y rechazo que sienten aquellos que se creen con derecho a portar el símbolo de la Literatura, es producto, sencillamente, de la distancia cada vez menor que existe entre el Autor y el Lector gracias a las nuevas tecnologías. Es un fenómeno de pánico común en todas las industrias culturales, ante la inminente transformación del consumidor de sentidos en un productor no pasivo de otros sentidos. Y es bastante triste, pues sólo esta retroalimentación, esta proliferación de sentidos, es la que nos va a llevar a la concepción de una nueva literatura para este mundo interconectado.

Los defensores de la Literatura como una secta cerrada, que requiere iniciaciones a través del arte del Lobby -para que el nombre del mortal sea transformado en el de un Autor- son los principales enemigos de las nuevas tecnologías (impresoras de recarga continua,  modelos actuales de máquinas rizográficas) y los soportes menos preciosistas (fanzines, libros cartoneros, panfletos), pues ven en estas facilidades para auto-iniciarse, como ya lo dije, una amenaza a la pureza de la literatura. Yo en cambio, y muchos otros escritores y editores de mi generación, creemos que así como el fútbol se puede jugar en los grandes estadios al igual que en las calles del barrio; la literatura también debería poder jugarse en todos los espectros sociales. Escribir no es sólo para los grandes autores. Lo es también para nosotros, quienes buscamos resignificar nuestras vidas con la única herramienta que es verdaderamente nuestra: el lenguaje. El acto de escribir es magia pura, pues se trata del antiguo rito de narrar el mundo para comprenderlo y transformarlo. Allí es donde somos humanos: en las historias. Por eso es que el intento de algunos de apropiarse de la palabra, sea algo tan ruin y despreciable.

Este fanzine que tiene en sus manos es el resultado del Laboratorio de escritura y auto-publicación que hicimos en el mARTadero, gracias a una beca de circulación de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, entre Junio y Agosto del 2018 en la ciudad de Cochabamba-Bolivia. Durante las sesiones del taller abordamos los principales temas en torno a la creación de narrativa: Los inicios, el desarrollo de los personajes, el tiempo, el espacio, el narrador y los finales. Aprendimos que las historias, en su intento de replicar lo que consideramos natural (nacer, crecer y morir) se vuelven un mundo aparte, un mundo paralelo e ideal que poco tiene que ver con la naturaleza del mundo en que vivimos. Pero ese otro mundo nos pertenece más y nos involucra además como creadores. Ese otro mundo no es de materia ni de energía; es de signos y símbolos, ese material que los humanos sabemos manejar con tanta maestría, eso que nos hace distintos del león, de las arañas, de los tiburones. Las palabras son nuestras garras, son nuestras aletas. El lenguaje es nuestros colmillos. Por eso es que debemos entrenarlo.

No para ser grandes Autores, que por favor, no se monta bicicleta sólo para ir al Tour de Francia, sino para aprender a contar nuestra historia propia, nuestra vida. Quizá no seamos capaces de construir un gran personaje, pero al menos podríamos intentar confeccionar algunos bellos disfraces para nuestra propia personalidad; o en la descripción literaria de nuestra ciudad, quizás no logremos un paisaje literario perfecto, pero sí podríamos compenetrarnos de una manera totalmente distinta con el territorio que habitamos si lo empezamos a tocar con las palabras. Con la literatura afinamos el recuerdo y modificamos el futuro. ¡Créanme! Yo he visto muchas veces cómo lo que escribo se hace realidad. La literatura no es vida, pero sí simulacro de vida. Y es en ese simulacro en donde podremos luego moldear la historia que de verdad vale la pena, esa historia que es la existencia de cada cual. La literatura es un laboratorio de experiencias acumuladas, de vidas ya vividas. En ese sentido, todos los mortales estamos invitados a ir allí a reclamar lo nuestro, no sólo los Autores.

 

En este fanzine nos presentamos este grupo de escribientes aficionados que por cosas del azar y la determinación nos terminamos encontrando en Cochabamba. Una publicación hecha por nosotros mismos, con todas las imperfecciones del caso. Disfruten con nuestros errores: después no estarán allí.

 

Camilo De fex Laserna