Palabras claves: confinamiento, convivencia, concentración, conocimiento, conciencia, contexto, conceptualización, construcción, consecuencia

Convengamos en que una idea es un asunto a celebrar; fruto de los relacionamientos de los que sólo nuestra especie es capaz y que contribuyen notablemente a su supervivencia.
Convengamos que una de las vías para idear consiste en rodear aquello que se nos escapa y que insistimos obsesivamente en aprehender, aunque apenas alcancemos a vislumbrar o abordarlo parcialmente.
Y convengamos, también, en que una propuesta artística es el desplazamiento de aquella idea al campo de lo estético, realizándolo, y ya no necesariamente la idea misma.
Este ejercicio – que objeta el supuesto de la inspiración- y que requiere poner en práctica una serie de mecanismos -teniendo claro que siquiera éstos acreditan el resultado final de la obra- es lo que persigue poner en juego CONART 2018.
Complejizar el ya complejo proceso creativo, ofreciendo un escenario en el que cada participante disponga de tiempo, espacio y materialidad limitada al momento de ir en busca de su idea y de las variantes para desarrollarla, con tal de dejarse interpelar por la contemplación y la creación in situ en contexto.
Lo anterior, por una parte, con el propósito de experimentar el opuesto de la versión CONART 2014, que tuvo como tema central el territorio abierto y la propuesta del viaje como circulación a través de los diversos departamentos que conforman el país. Y por otra, con el interés de indagar en la contención y en las posibles dinámicas a generarse en condiciones restrictivas y aparentemente poco favorables para la creación.

Esto último – que bien podría interpretarse como una alegoría al contexto nacional, en tanto ámbito artístico- persigue, más bien, ofrecer una lectura de los beneficios del retiro en pro de la concentración, la reflexión y de una mayor conciencia activa. En este caso, mediante una convivencia que, compartida en ósmosis con otros creadores, se reconozca como agente contaminante a la hora de referirnos a métodos y criterios. Y, además, desde la sugerente certeza de cómo la reducción de herramientas y recursos puede y debe traducirse en una prueba de oficio y destreza.

De lo que hablamos, entonces, es del carácter lúdico del desafío: un proyecto -el mARTadero como lugar y proceso- surcado de sugerencias; un cambio de época -el interregno histórico en que vivimos- preñado de retos y necesidades; y un intervalo temporal –  el del encierro creativo- que ayude a una búsqueda desde ese ir acotado tras la idea y disminuido en lo instrumental, haciendo luego de ella una pieza admirable en su singularidad. El CONART//18 busca una apuesta por el íntimo diálogo con la realidad misma y sus limitaciones, siempre fértil en metáforas y analogías entre lo micro y lo macro.

https://conart.martadero.org/conart-18-confinados/