Mauricio Aliaga

El público ingresa y forma un pasillo que aporta el toque íntimo que busca la propuesta. La primera imagen que regala la obra te traslada a ese devenir fotográfico que será la base sobre el que se funda la obra “La Me-Moría” presentada este fin de semana en el proyecto mARTadero. 

Para escribir sobre la nueva propuesta de Jorge Alaniz León dividiré el texto en la parte técnica y el contenido por el que te invita a transitar la espiral de recuerdos ajenos. Con pocas luces y proyecciones, articulando pilares blancos que servirán como base de los recuerdos del protagonista logra de buena manera que el espacio se convierta en íntimo y a momentos lleno de complicidad. La escena, tan sagrada y profana, está construida bajo colores que no serán extravagantes o distractores, sino al contrario se mimetizan en la idea absoluta de memoria. El uso de instrumentos nativos también aportan a llevar el ritmo de la catarsis emotiva a la que asistimos en este monólogo. 

Y eso me da pie a escribir sobre el contenido, tal como en “El éxodo” un tren vuelve a ser el detonante de una relocalización forzada. Abandono, soledad, muerte, alcohol, teatro, trabajo. La obra pasa por 7 etapas que desarrollan la memoria que es retratada con cada una de las fotografías de ese antiquísimo álbum fotográfico familiar. Una suerte de desahogo artístico que Alaniz cuenta que llevó 2 años en construir. “Un pacto para vivir” y una pasión desenfrenada que me recuerda a ese inodoro con la bandera de director de otra obra. 43 años monologados en 45 minutos es la muestra de alguien que hace las cosas por el simple hecho de hacerlas, mostrando todos los elementos con los que conformó un relato que juega con espejos imaginarios, vicios y pasiones desbordadas. 

La obra se vuelve a presentar hoy en mARTadero a las 19:30.