Fabiola Quiroga Conti
Responsable del Proyecto Micros para avanzar

“La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja […]” Byung-Chul Han.

A

l escribir sobre el “tiempo” y el “confinamiento”, se me hizo imposible hacerlo sin realizar una abstracción – breve- de lo que convencionalmente hemos aprendido acerca de ¿qué es el tiempo?, más aún si este debería replantearse – en estos momentos- a través de las pausas necesarias ante la vorágine de “sobre productividad” e “hiperconectividad”.

Desde los inicios de la evolución humana el instinto latente fue la sobrevivencia; a su vez nuestros antepasados buscaron comprender el mundo que los rodeaba y relacionarse con el mismo; las primeras civilizaciones comenzaron a idear e implementar sistemas de medición del tiempo para mejorar la producción agrícola, para comprender y para controlar los cambios en el ambiente, principalmente. Es así que el tiempo se convirtió en una construcción cultural y social.

En la mitología griega aparecen Dioses relacionados a las concepciones del tiempo: “Krónos” Dios del tiempo lineal, la homogeneización de los días que pueden ser medidos y que convencionalmente conocemos (segundos, minutos, horas, etc); y “Kairós” Dios del tiempo oportuno, el momento que irrumpe, un tiempo necesario para el ser.

Las sociedades modernas y postmodernas continuaron adoptando el tiempo medible, para así acelerar los procesos de producción en masa, optimizar el crecimiento y desarrollo de las urbes; en otras palabras, el “deber ser de las horas para hacer” en las diferentes esferas de la vida, relegando así al individuo y los tiempos para sí mismo, para la pausa, el ocio y el disfrute.

En las últimas décadas, la globalización impuso una sobre exigencia del trabajo, del tiempo invertido -del “aprovechamiento” de las horas- para así incrementar el movimiento económico y de consumo. Cuando no generamos dicha “productividad” en nuestras vidas sentimos agobio porque nos enseñaron que el tiempo de ocio es una pérdida del mismo.

Pero, ¿cuán necesario es reapropiarnos del tiempo?, las dinámicas sociales a nivel global se fueron modificando ante la contingencia y emergencia sanitaria (COVID-19), que nos obligó a reestructurar nuestras vidas y tiempos, a permanecer en confinamiento. En esta cuarentena, la obsesión por la productividad empezó a provocar un afán colectivo de hiperconectividad, de talleres, de charlas, etc; del “hacer por hacer” para sentir que no se estaba perdiendo el tiempo y dejarse llevar por la inevitable virtualidad.

Con la automatización de los días nos hemos olvidado de un principio fundamental para el equilibrio de la vida, el tiempo de contemplación, la pausa del “no hacer” para repensar nuestros haceres y tomar el impulso necesario para continuar en el “krónos” sin olvidarnos del “Kairós”; sólo así podremos resignificar el sentido de los días ante la nueva realidad con la que tendremos que aprender a convivir.

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