Claudia A. Michel Flores
Responsable de programación cultural del Proyecto mARTadero

m

ARTadero no es un espacio cultural convencional. Quizás su impronta diferente explique la lenta reacción que ha tenido en esta pausa obligatoria, en comparación con la burbujeante actividad cultural disparada en las redes durante la cuarentena.

La singularidad de mARTadero puede ser celebrada o vilipendiada según quién la lea, pero resulta más interesante partir de ella misma para entender su reacción «tardía» en cuanto a lo que se espera de un espacio cultural, en nuestro días y en nuestro contexto.

El país entero acababa de salir de los conflictos sociales de septiembre y octubre 2019, y con las contradicciones todavía palpitando, el 2020 comenzó con una disposición general de la población a seguir adelante. Se quería volver al ritmo, jugar lo mejor posible dadas las condiciones actuales. Pero, a poco más de un mes del inicio de las actividades, el anuncio de la cuarentena volvió a paralizarlo todo.

Se cerraron oficinas, salas de ensayo, espacios de encuentro. La gente se fue a sus casas; era lo que tocaba, lo que se necesitaba hacer. Paradójicamente, la oferta de diversos espacios culturales se redobló. Y vino un giro casi inmediato a las versiones en línea de toda actividad posible.

En mARTadero no hubo ese vuelque. Pasado el shock se celebraron un par de reuniones virtuales, se desarrollaron ciertas estrategias de autosostenibilidad… En general, el trabajo se centró en proyectos de posconfinamiento.

Quizás, por eso en la primera reunión presencial del equipo, notamos que ante una mirada externa, mARTadero parecía paralizado o, al menos, catatónico. En las redes sociales ese gran ojo al que todos parecemos estar expuestos, nuestra programación había sido casi nula. Pero ¿realmente no se hizo nada?¿Tiene que publicarse todo lo que está sucediendo?¿A qué se debe la explosión de ofertas culturales en redes?¿Debe toda actividad cultural volcarse a la virtualidad? Como espacio autogestionado y de desarrollo social a través de la cultura, nuestra reacción no podía ser igual.

Queremos creer que nuestra respuesta está asociada al movimiento lento. Es, a partir de esa reflexión, que nos propusimos escribir al respecto. No se trata de una serie de explicaciones sino más bien de una colección de miradas retrospectivas que parten de preguntas hechas desde las áreas de mARTadero y procuran pensar lo que esta pausa ha significado y cómo ha sido asumida. Algo nada atractivo para las redes sociales ni para la bullente vida cultural en Zoom pero, sin embargo, muy interesante y enriquecedora para el proyecto.

Esperamos que, algunos lentos como nosotros le encuentren sentido; otros, seguramente, sientan rechazo, pero al menos esperamos mostrar en estos textos una posición particular.

Mientras los días para convocar al público todavía parecen lejanos, decidimos compartir estos pensamientos lentos sobre este tiempo tan extraño que nos ha tocado vivir.

descarga en PDF