Josu Castro
Coordinador del área de Interacción Social del proyecto mARTadero

D

e la automatización puede decirse que es la aplicación de procedimientos automáticos en la realización de un proceso. Esta propiedad, íntimamente ligada y reforzada por la industrialización, está implícita en el quehacer de nuestra sociedad y es uno de los aspectos que más acelera nuestras vidas. Así, la automatización tiene la intención de facilitar los procesos complejos, donde la idea es optimizar aquellos que son efectivos, exitosos y cuyos resultados conocemos. No obstante, ¿repetir y realizar automáticamente todo aquello valorado como exitoso lo vuelve un éxito en sí mismo? ¿Cuándo sabemos que replicamos procesos infructíferos? ¿Acaso la actividad nos sumerge en una ilusión de resultados?

En la sociedad actual, la celeridad de la producción se promueve a través de valores que pretenden posicionar y justificar la necesidad de estar continuamente activos. «No pierdas el tiempo», «produce más para ganar más», «no hagas gastos absurdos», «obtén más dinero», «sobrevive», «cambia el mundo», «sé alguien en la vida», etc. De este modo, hay muchos ideales traspuestos en acciones concretas y, por supuesto, muchas de estas acciones logran efectos reales; por eso se reiteran. Sin embargo, no están exentas de agotar sus alcances específicos.

El miedo al caos del 2020, entre otras crisis mundiales, ha puesto a funcionar de forma presurosa muchos procesos limitados aunque habituales, en un esfuerzo por sostener esos valores, y otros. En la educación, por ejemplo, se intentó hacer el salto a lo digital, manteniendo la estructura de las instituciones educativas, a pesar de existir una forma propia (ya vigente) para llevarlo a cabo. En el ejercicio ciudadano, la sola formación de plataformas de articulación ya no bastan para el equilibrio gobierno–ciudadanía. Y en lo artístico (muchas veces) se desplazaron las formas convencionales a la estructura digital, intentando mantener contacto con el público, aunque sin profundizar en los formatos propios del medio.

¿Automatización = innovación?

Ante una reiterada promoción de aquellos procesos ya automatizados, como si fueran innovadores, y con el objeto de resolver problemáticas emergentes (siempre desde una óptica de mercado) se ha presentado una oferta de acciones y servicios camuflados de soluciones. Sin reparar en aquellos que puedan estar caducos o ser inefectivos. Y es que por la premura de nuestra sociedad, parece más esperanzadora la idea de «hacer algo» por inercia que hacer algo pertinente.

Podemos pensar erróneamente que la automatización por sí misma carece de valor (el cual sí existe y ya ha sido mencionado), cuando en realidad el conflicto viene dado por permitirnos volver automático todo lo que merece ser pensado, reflexionado, inventado o destruido. Dejarse convencer por la necesidad de actuar permanentemente puede llevar al equívoco de actuar siempre con rapidez.

Las crisis de nuestro tiempo, difícilmente, podrán ser resueltas por los procesos que nos han llevado a ellas, que han mostrado ineficacia, han sido flexibles o que las han legitimado y sostenido. La innovación no es la automatización de lo ya existente sino lo contrario.

Evidentemente, no toda actividad humana es capaz de permitirse una opción al insistente «hacer, hacer, hacer», pero quienes pueden hacerlo, ¿se permitirán detenerse para contemplar las alternativas?

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